Este, más que de gastronomía, es el relato de una historia de amor. (Por Antonio Marqueríe Tamayo)

La familia belga de Vooght alquiló, en los años 80, una villa en Benisa (Alicante) en la que pasar sus vacaciones de verano. La edificación era originaria del siglo XVIII y, desde la Sierra de Bernia, disponía de unas magníficas vistas al mar y al Peñón de Ifach.

Tanto les gustó que acabaron comprándola. Con el tiempo, el patriarca de la familia, fotógrafo de profesión, decidió trasladarse a vivir a Benisa, y ejercer la misma en España. Su especialidad era la fotografía de niños, en aquel tiempo muy desconocida en España, tanto que, al no poderse mantener de ella, decidió, con mucha tristeza, nuevamente volverse a Bélgica y vender la villa.

La adquirió una familia de nacionalidad inglesa, quienes la transformaron en un restaurante.

Pasados los años, la familia de Voogh y, sobre todos, los hijos seguían recordando los maravillosos veranos que pasaban en lo que llamaban «la finca». Unos parientes que residían también en Benisa les informaron que se había transformado en un restaurante, les invitaron a venir, ir a comer y avivar aquellos recuerdos.

Fueron y se encontraron el restaurante cerrado y con un cartel de «Se vende» y nuevamente volvieron a comprar la villa. El notario que autorizó la escritura de compraventa observó que era la primera vez en su vida profesional que veía que una misma villa era comprada dos veces por la misma persona.

Decidieron que Bárbara, una de las hijas, sin experiencia en la restauración, se hiciera cargo del restaurante.

Bárbara fue adquiriendo experiencia con el tiempo. Y llegó Hannes Galle, estudiante de sumillería en Bélgica, a realizar unas prácticas en el restaurante. Se enamoraron y se casaron. Los dos, como equipo de sala, forman un tándem perfecto que completaron en cocina con Enrique Martínez López, que venía de trabajar en Arzak y 5 años en el restaurante Casa Pepa (Ondara) de la tristemente fallecida Pepa Solans, con una estrella Michelin y que ha sido uno de mis restaurantes preferidos de Alicante.

Como su clientela era mayoritariamente belga le dijeron a Enrique que debía contener ciertos excesos de la creativa cocina española. Enrique, como gran profesional, entendió el tipo de cocina que se le requería y, sorprendentemente, hoy podemos apreciar una gran cocina, que me devuelve a hace 20 años, una cocina con fuerte arraigo en el clasicismo francés («la gran cocina»), revisada en la puesta en escena, en las guarniciones, salsas y acompañamientos. Producto español cocinado a la francesa. Enrique demuestra en su cocina ser un gran conocedor de la gran cocina clásica francesa. Es como el pintor que antes de ser cubista ha demostrado conocer el realismo.

En la cocina dulce, Saad, primer oficial de cocina, marroquí de formación francesa y a cargo de los desayunos del hotel de 4 habitaciones que también alberga la villa, es el complemento perfecto del equipo. ¡Cómo deben ser los desayunos!

En la carta, platos contundentes y en su denominación ya olvidados en la cocina de los restaurantes. “Espárragos de Navarra y cigalas”, un mar y montaña muy equilibrado. El «Foie gras nacional», de ocas españolas, muy delicado y acompañado de gelatina de Oporto e hibiscos y unos pequeños dados de manzana. «El Pichón de Bress», sus patas crujientes y pechuga cocinada saignant acompañado de un «risotto». El «Carré de cordero» cocinado comme il faut. El cochinillo de Segovia, con una fina pile crujiente, casi como una hojaldre.

De postre le pedimos alguna exhibición de chocolate, en la que son maestros los belgas. No sólo nos sorprenden con una bomba dorada de chocolate calabuig sino con un merengue relleno de mango muy delicado.

Donde no se hace gala de afrancesamiento, a pesar de una amplia carta en nacionalidades de vino, es en la selección que nos realiza Hannes, todos españoles de variadas D.O., de limitadas producciones a las que él accede. Saltimbanqui 2015 (D.O. Rueda. Bodegas Aribau. 100% Sauvignon Blanc). Abadía de Gomariz 2012 (D.O. Ribeiro. Bodegas Coto de Gomariz. 50% Sousón y 50% Brancellao , Ferrol y Mencía). El Rincón 2013 (D.O Vinos de Madrid. Bodegas Marqués de Griñón. 95% Syrah y 5% Garnacha Tintorera) y alguno tan sorprendente como el que propone para el foie gras, «20 manzanas by Valverán», Sidra de Hielo 2014.

Comer o cenar es su terraza, el silencio (relax silence), las vistas, la cocina y el servicio constituyen toda una experiencia, llena de detalles con amor, en fin, inolvidable.

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